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Música

AC/DC saca disco, “Power Up”, el decimonoveno de su incombustible y longeva carrera

Una vez más, esto es un álbum de AC/DC. ¡Gracias por todo, chicos!

Por Jorge Osoro

AC/DC saca disco, “Power Up”, el decimonoveno de su incombustible y longeva carrera. Y aquí me hallo yo: sentado; tranquilo; escuchando el material una y otra vez y entrando en una inabarcable espiral de recuerdos; retrocediendo al 93, cuando contacté por primera vez con el quinteto australiano, pero volviendo de inmediato al presente para no perder la perspectiva y acabar embriagado de equívocos sentimientos que contaminen y direccionen mi escrito.

A fin de cuentas, estos músicos son como unos familiares lejanos que siempre han estado al otro lado del charco, a los que nunca he tenido la oportunidad de mostrar mi afecto y agradecer el vínculo virtual creado y que, antes o después, como mandan los a veces siniestros cánones de la vida, se irán sin haberse despedido. Años y años tejiendo las costuras de buena parte de la banda sonora de mi vida, con lo que toca respirar hondo. Difícil tarea la de adormilar la pasión y allanar camino con aquello que llaman objetividad y que, en este preciso momento, se me antoja como algo bastante más difuso y deforme de lo habitual.

AC/DC pertenece por derecho propio a la liga de las bandas extraordinarias

Una vez más, esto es un álbum de AC/DC. Puede que tras esta aparente simpleza que acabo de soltar veas algo de Perogrullo, pero si le das una pequeña vuelta de tuerca acabarás intuyendo un significado algo más complejo. ¿Qué es AC/DC sino una institución, un sonido propio, unos rasgos musicales reconocibles con una facilidad pasmosa? Mentar a los australianos es hablar acerca de millones de personas que han invertido su dinero a lo largo de los años en adquirir música de manera tradicional de la banda, teniendo en cuenta que solo “Back In Black” ha vendido la escandalosa friolera de 50 millones de discos, así como de esa corriente de gente alejada por el cambio generacional de la doctrina defensora del formato físico adquirido pero que igualmente está ahí, operando en la sombra y remando a favor del imparable éxito de estos casi septuagenarios músicos. Esto no me lo invento yo, es algo que corroboran las cientos de miles de entradas que, en la ciudad que se te antoje señalar en el mapa mundi, acaban agotadas en un minúsculo espacio de tiempo, provocando que el estadio en el que se deja caer la banda se convierta en un hervidero cada vez que esta se involucra en una nueva gira mundial para presentar su correspondiente nuevo trabajo discográfico.

Como veis, los datos les avalan. Es algo irrefutable. Creando un paralelismo con el mundo del cine, AC/DC es de esas agrupaciones que pertenece por derecho propio a la liga de las bandas extraordinarias, un lugar de hospedaje con espacio para tan solo unos pocos agraciados cuya permanencia, por méritos propios, no acaba siendo furtiva precisamente. Es lo que tienen los grandes, que hasta una sola palabra suya sería capaz de suscitar críticas a la par que podría evocar sonoros vítores. No puede ser de otra forma. Los pedestales; los tronos; los olimpos; para los que se los han ganado.

Basta que resuene el eco de que está por llegar nuevo material del combo australiano para que se vaya caldeando el ambiente. Tan solo unas breves notas en forma de teaser en Youtube, algo que se estila mucho en los tiempos que corren, o una icónica y cíclica imagen del pequeño de los hermanos Young, y único de los dos que sigue ya entre los vivos, vestido de corto, para que salten chispas y se enciendan las alarmas. Obnubilados incondicionales que reciben su incurable ración de felicidad con cada movimiento que hagan los de Sidney; detractores que hacen lo propio pero a la inversa, menoscabando cualquier nueva aparición de Angus, Johnson y cía porque, según su particular imaginario colectivo, “llevan sacando la misma canción de siempre desde hace ni se sabe”. ¡Je! Mis primeras líneas te han dejado suficientes pistas como para ver en cuál de los dos bandos me podría encontrar más cómodo, pero no voy a polemizar ni entrar al trapo. Solo permíteme sonreír un momento y respirar, volver a respirar, que aquí sigo, con la ardua tarea de no perder la perspectiva ante lo que viene a continuación.

“Power Up”, lo mejor de los australianos desde “Ballbreaker” o “The Razors Edge”
Te soltaré esto sin medias tintas ni especulaciones de cualquier índole: “Power Up” es, probablemente, el mejor trabajo que han registrado los australianos desde “Ballbreaker” e incluso “The Razors Edge”. De algún modo, diría que, en comparación con anteriores entregas, “Power Up” es un álbum rejuvenecido. Johnson, el veterano de la formación, brilla como hacía tiempo que no lo hacía; Angus vuelve a tener el campo abierto para sus diabluras, bien respaldadas por Stevie Young, ‘el sobri’, y por esos dos incombustibles conductores que son Phil Rudd y Cliff Williams, siempre cooperativos y esenciales pero sin querer destacar. Conocen su función y la conocen desde hace décadas: ayudar a construir pero, ante todo, dejar hacer para que la rotativa no se detenga.

La banda sigue matriculada en el curso de 1980, cuando editó “Back In Black”, algo, desde mi punto de vista, tremendamente positivo siempre que la fórmula funcione y que la corriente eléctrica siga su curso. Ahí cambió todo. De una irreparable tragedia como fue el fallecimiento de Bon Scott brotó una nueva naturaleza que, sin duda, ayudó a rediseñar el productor Mutt Lange. Nacía una nueva criatura, profesando el respeto necesario por su etapa anterior pero con vida propia y una identidad que ha logrado extenderse hasta nuestros días cosechando un abrumador prestigio. Es así, desde aquellos viejos episodios, y según han ido pasando los años, AC/DC ha ido siendo devorado por su personaje, pero por el bien común. Los australianos no ceden en su empeño de parchear su música con elementos de su idiosincrasia musical, retroalimentando su propio puzzle continuamente, haciendo guiños constantes a su música, plagiando y reciclando picaresca y astutamente su morfología. De este modo, en este nuevo trabajo hallamos canciones que encajarían sin pasar el más mínimo apuro en discos como “The Razors Edge”, como también lo harían en “For Those About To Rock”, en Ballbreaker” o en “Black Ice” mismamente. Íntegros y fieles como pocos a una propuesta tan maníquea como testaruda que, quizá, debería haber envejecido peor, pero que, por suerte, no lo ha hecho.

No todo ha sido un campo de rosas en la etapa Johnson de los australianos. Obviamente, tras tanto material de estudio, ha habido margen para el tedio (“Flick Of The Swich”), la falta de inspiración (“Blow Up Your Video”) y la perpetuación de una fórmula que, a pesar de su vocación identitaria, puede llegar a mostrar síntomas de agotamiento (“Stiff Upper Lip”). Por todo ello, solo encuentro motivos para revalorizar y aupar lo que hay en las tripas de “Power Up”, especialmente si atendemos a la primera mitad del álbum.

A bote pronto, no sabría decirte en qué plástico se encuentra un arranque tan arrollador y enchufado como el que manifiesta este trabajo, pero ten por seguro que ha llovido, nevado y hasta mutado el clima con respecto a tal y como lo conocíamos antes. ¿Quiere decir esto que tras ese torbellino de buen material “Power Up” languidece en su segunda parte? No necesariamente. Quizá, a mitad de camino, nos topamos con algunas canciones que se mueven entre la corrección y la funcionalidad, donde puede que haya más oficio que ingenio, generándose cierto contraste con esos primeros minutos del disco que son dignos de enmarcar. Pero tan solo es una impresión un tanto adulterada que logra ubicarse mejor tras sucesivas escuchas, y es que, para bien o para mal, con AC/DC todo se magnifica. Con algo más de temple, y una vez superada la etapa de euforia, te cercioarás de que no sería muy justo y razonable pedirle a una banda de esta categoría que, a estas alturas, de doce nuevos cortes nos ofrecieran doce singles en potencia. Ante todo, que no te quepa duda: me reafirmo en que “Power Up” es el lanzamiento más disfrutable, equilibrado y energético que ha editado AC/DC en bastante tiempo. Vamos a desmenuzarlo paso a paso.

“Power Up”, del feeling y gamberrismo a la radiofórmula
“Realize” es la encargada de arrancar motores. Unos leves alaridos de Brian Johnson nos indican que la banda podría haber recuperado cierto espíritu canallesco adormilado en anteriores trabajados. El estribillo es pura efusividad, energía desbocada que nos devuelve a esos AC/DC de primeros y mediados de los noventa. “Rejection”, teniendo una fisionomía menos salvaje, se resguarda en un ritmo tan seductor como recurrente en la banda con el que se antoja complicado no contornear varias partes del cuerpo a la vez. “Shot In The Dark” atesora todos los elementos que todo buen single de los australianos ha de tener: energía, dinamismo, feeling y un convincente y rompedor estribillo. “Through The Mists Of Time” tiene cierto aroma a radiofórmula, pero sin que la banda desconfigure su esencia y caiga en innecesarias pomposidades. Estamos ante ese “You Shook Me All Night Long” de nuevo cuño, un tema en el que, al igual que en el mencionado de hace cuarenta años, impera un explosivo y memorable estribillo.

“Kick You When You’re Down” extrae sin complicaciones esa textura cruda, gamberra y tabernera que a la agrupación siempre le ha gustado sacar a relucir. Con “Witch’s Spell” nos dejamos llevar por el metrónomo de Phil Rudd, contagiándonos en el trayecto por un ritmo tan sencillo como magnético hasta que aterriza otro tentador y coreable estribillo marca de la casa. “Demon Fire” arranca con alguna que otra travesura vocal del cantante de la legendaria boina negra, recordándome al immortal “Whole Lotta Rosie”, mientras que “Wild Reputation”, yendo como a medio gas, se impregna de buen Boogie-Rock adhiriéndose a un estribillo que rememora mucho el Hard Rock americano de la época dorada del género.

“No Man’s Land” es pura ortodoxia AC/DC y, aunque se deja querer por ciertas sonoridades propias del Southern Rock, no tiene el empuje y el potencial de anteriores cortes. Con “Systems Down” tengo la sensación de estar ante otra pieza que ejerce de mero trámite, hasta que Johnson empieza a a subir la temperatura del tema para acabar incendiando el estribillo. Por su parte, “Money Shot” es pragmática pero carece de explosividad. “Code Red” tiene un ritmo contagioso y se lucra de un estribillo, de nuevo, ácido y gamberro, que cuaja con facilidad.

45 años en la palestra, que se dice pronto. Media vida. Realmente, da vértigo pensarlo. Viendo la fatigada asiduidad con la que se manifiestan musicalmente hablando sus majestades australianas, no descartaría, teniendo también en mente la edad de nuestros protagonistas, que esta fuera su obra póstuma. Si así sucediera, se cerraría una etapa en la historia de nuestra música, del Heavy/Rock, y el quinteto se ganaría un merecido descanso saliendo por la puerta grande tras editar un magnífico álbum, repleto de talento, una perspicacia impropia de unos tipos que andan llamando a las puertas de la senectud y, por último, el mejor y más emotivo de los homenajes al malogrado Malcolm Young que, allá donde esté, sabrá que los suyos han hecho los deberes.

Por mi parte, y sin dejar de tener esa agridulce corazonada de que con este trabajo se clausura un ciclo, voy a disfrutar la momentánea hinchazón, ya que me he emborrachado y bien de AC/DC, y no todos los días tiene uno la oportunidad de cogerse una cogorza a la salud de estos irrepetibles tipos. Vuelvo a echar la vista atrás, como al comienzo de este escrito, visualizo mentalmente algunas viejas imágenes de la banda que hacía tiempo que no rescataba y me digo para mis adentros: ¡Gracias por todo, chicos!

AC/DC – Shot In The Dark (Official Video)


 

 

 

 

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