Música
Fangoria: 45 años de electricidad, ironía y baile — ahora llega «La verdad o la imaginación»
Fangoria importa: porque hacen canciones que suenan bien y piensan mejor…
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Hay bandas que sobreviven a las décadas. Y hay bandas que las definen. Fangoria pertenece a esa segunda categoría, esa rara especie de artistas que no solo resisten el paso del tiempo sino que lo domestican, lo doblan a su voluntad y lo convierten en materia prima para el siguiente disco. Porque el 24 de abril de 2026, exactamente diez años después de su último álbum de estudio con canciones completamente nuevas, Alaska y Nacho Canut pusieron en el mundo La verdad o la imaginación —doce canciones de techno-house ultra-pop que suenan a presente, a urgencia, a ese placer culpable de bailar mientras el mundo se cae a pedazos.
Para quienes llevan décadas siguiéndolos, el disco es la confirmación de algo que ya sabían. Para quienes apenas los descubren, es una bienvenida brutal a uno de los universos más coherentes, más irónicos y más brillantes del pop en lengua española. Y para todos los demás —los que los escuchan sin saber exactamente quiénes son, porque sus canciones simplemente aparecen y se quedan— es simplemente un discazo.
Olvido y el Zurdo: el origen de una leyenda que nació en México
Para entender Fangoria hay que remontarse a antes de Fangoria. Hay que ir a Ciudad de México, en 1963, donde el 13 de junio nació Olvido Gara Jova, la niña que el mundo terminaría conociendo como Alaska. Hija de padre asturiano exiliado por la Guerra Civil española y madre cubana, Olvido creció en el Distrito Federal hasta que, a los diez años, la familia decidió regresar a Madrid. Un cambio de continente que marcaría para siempre su forma de ver el mundo: siempre desde afuera, siempre con la mirada oblicua del que no encaja del todo en ningún lado y por eso termina encajando en todos lados.
La adolescente madrileña descubrió a David Bowie, a Lou Reed, al punk de los Ramones y los Sex Pistols, y algo hizo clic de manera irreversible. Fue en un fanzine llamado Bazofia donde comenzó a firmarse como Alaska, tomando el nombre de una canción de Lou Reed en su disco Berlin. Con catorce años, en 1977, ya estaba tocando la guitarra en Kaka de Luxe, una de las primeras bandas punk de España, junto a Carlos Berlanga, Fernando Márquez “El Zurdo” y un bajista valenciano llamado Ignacio Canut Guillén, quien pasaría a la historia simplemente como Nacho Canut.
Nacho Canut nació en Valencia el 5 de junio de 1957. Llegó a Madrid y se convirtió en uno de los cerebros más incómodos e interesantes de la escena musical española. Compositor, bajista, programador, DJ bajo el alias Jet 7, teórico del pop, escritor. La eminencia gris que siempre prefirió operar desde las sombras mientras Alaska se comía los escenarios con su presencia magnética. Una división del trabajo que llevan ejerciendo desde hace casi cinco décadas con una eficiencia que debería estudiarse en los conservatorios.
La Movida, Almodóvar y la construcción de un mito
Kaka de Luxe duró poco —como suelen durar las cosas que anticipan demasiado su época— pero dejó una semilla que germinó en forma de Alaska y los Pegamoides. Con Alaska ahora al frente como vocalista y compositora, con Nacho Canut en el bajo, con Carlos Berlanga y con Ana Curra y Eduardo Benavente, los Pegamoides se convirtieron en el corazón pulsante de la Movida Madrileña, ese estallido cultural que sacudió a España en los años ochenta como si todo el oxígeno reprimido por cuarenta años de franquismo buscara salida al mismo tiempo.
La conexión con Pedro Almodóvar fue inevitable. En 1980, Alaska actuó en Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, el primer largometraje del director manchego, en un rodaje semiclandestino que duró dos años. Una película que, al igual que toda aquella generación, fue hecha sin pedir permiso a nadie. En 1982, los Pegamoides consiguieron el hit definitivo con “Bailando”, una canción que trascendió fronteras y se coló en las pistas de baile de media Europa.
Pero los Pegamoides se disolvieron ese mismo año para dar paso a Alaska y Dinarama, donde el sonido se volvió más abierto, más pop, más ambicioso. Con discos como Deseo carnal (1984) y No es pecado (1986), llegaron los himnos que definen su legado popular: “A quién le importa”, esa declaración de independencia que lleva cuarenta años siendo adoptada por cada generación nueva que necesita un escudo. Carlos Berlanga eventualmente se alejó, las diferencias creativas hicieron lo que siempre hacen, y en octubre de 1989 Alaska y Dinarama llegaron a su fin.
Durante todo ese tiempo, Olvido Gara también construía otra carrera paralela como figura televisiva. La bola de cristal —el programa de TVE que entre 1984 y 1988 trató a los niños como adultos y se convirtió en uno de los programas de culto más queridos de la televisión española— la estableció como un personaje tan cultural como musical. Alaska no era solo una cantante. Era, y sigue siendo, una institución.
Fangoria: cuando el techno llegó para quedarse
El 31 de octubre de 1989 —Halloween, qué apropiado— Fangoria hizo su primera aparición pública. El nombre venía de la revista estadounidense especializada en cine de terror, un guiño a la estética kitsch y al cine de serie B que siempre les había fascinado. La propuesta era radical: adiós al rock, bienvenida la electrónica. Un giro que no todos los fans de entonces entendieron de inmediato.
Su primer álbum, Salto mortal (1991), fue exactamente lo que prometía el título: un salto al vacío hacia el techno más puro, más difícil, más underground. La discográfica Hispavox no supo qué hacer con ese sonido y eventualmente los expulsó de su catálogo. Lo que para otros hubiera sido el fin fue para ellos el comienzo: Alaska y Nacho crearon su propio sello, Metal Sonic Disco, instalaron un estudio de grabación en Madrid al que llamaron Vulcano —en honor al planeta de origen de Mr. Spock, porque por supuesto— y comenzaron a construir su propio emporio independiente.
La primera mitad de los noventa fue, según ellos mismos han reconocido, una travesía en el desierto. Discos experimentales, EPs de bajo presupuesto, el circuito underground europeo. Nacho Canut y Alaska trabajando como DJs para pagar las cuentas mientras el mundo mainstream miraba para otro lado. Pero en ese desierto fue donde Fangoria forjó su identidad más genuina, donde desarrollaron el gusto por la ironía inteligente, por las letras que parecen hablar de banalidades pero en realidad hablan de todo.
El renacer llegó en 1999 con Una temporada en el infierno, producido por Carlos Jean y considerado por la crítica uno de los mejores discos españoles de esa década. El sencillo “Electricistas” se convirtió en un himno. El disco los catapultó de regreso al gran público pero en sus propios términos, sin concesiones. Ese mismo año, Olvido se casó en Las Vegas con Mario Vaquerizo, manager del grupo y vocalista de Nancys Rubias, en una boda que acabó siendo fotografiada para Rolling Stone y que durante años fue la anécdota más contada de la prensa del corazón española.
El nuevo milenio fue el período de consagración definitiva. Naturaleza muerta (2001) con “No sé qué me das” llegando al número dos de ventas en su primera semana. Arquitectura efímera (2004) con “Retorciendo palabras” y “Miro la vida pasar” como números uno, el álbum vendiendo más de 75,000 copias en España. El extraño viaje (2006), Absolutamente (2009) —ganador del Premio de la Música como Mejor Álbum Pop. Cuatricromía (2013), un disco conceptual que intentó abarcar todos los estilos del grupo dividiéndolo en cuatro colores. Canciones para robots románticos (2016), con “Geometría polisentimental” conquistando festivales.
Más de medio millón de discos vendidos. Premios de la Música, Premios Ondas. La Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes otorgada por el Gobierno de España en 2015 a Alaska por toda su trayectoria. El reality Alaska y Mario en MTV que llegó a tener tres temporadas. Un documental, Alaska revelada (2024), que abordó aspectos íntimos de su vida y carrera. Conciertos únicos bajo el concepto ATP + ATL (A todo piano y A todo láser) en Madrid en 2024, combinando versiones acústicas y electrónicas de su catálogo. Y mientras tanto, entre 2021 y 2022, una trilogía de EPs —Existencialismo Pop, Edificaciones Paganas, Ex Profeso— que demostró que su curiosidad creativa no tenía intención de detenerse.
Diez años de silencio (parcial) y el regreso de los reyes
“Desde el 2016, hace justo 10 años, no nos ha dado a Fangoria por sacar lo que antes se llamaba un álbum o un LP. Hemos editado recopilaciones, conciertos en directo, discos de versiones, canciones para películas, una trilogía de EPs… más de dos docenas de canciones originales grabadas en estos años. Pero el típico disco con 12 canciones nuevas… pues no.” Así describieron ellos mismos, con la honestidad que los caracteriza, la larga espera entre Canciones para robots románticos y su nuevo trabajo.
Lo interesante es que ese silencio discográfico no fue silencio real. Fangoria nunca se fue. Siguieron girando, siguieron lanzando material, siguieron estando presentes en la cultura española con la naturalidad de quien sabe que no necesita desaparecer para que lo extrañen. Pero el formato álbum —ese objeto ritual, esa declaración de intenciones de doce canciones— llevaba diez años esperando.
La búsqueda del productor correcto fue parte del proceso. Después de años de trabajar con múltiples productores simultáneamente —llegaron a contar con cuatro diferentes para Cuatricromía en 2013— esta vez querían el enfoque opuesto: un solo productor, un solo estudio, una sola visión. La clave llegó por un camino inesperado: en su último EP, le habían encargado a un productor y remezclador holandés llamado Matt Pop la remezcla del sencillo “Un poco todo”. El resultado les entusiasmó, y cuando llegó el momento de elegir a alguien para el nuevo álbum, el nombre estaba claro.
Matt Pop y el sonido del presente
Matt Pop no es un nombre de primer plano en el mainstream global, pero en los círculos del pop electrónico su reputación es sólida y específica. Holandés de origen que vive en Francia —”más europeo imposible”, dicen Fangoria—, ha trabajado en remixes para Erasure y Ace of Base, dos referencias que dicen todo sobre su territorio: el eurodance melódico, el techno-pop que hace que mover los pies sea inevitable, el synth que tiene exactamente la cantidad justa de drama sin caer en el melodrama.
El resultado de su colaboración con Alaska y Nacho Canut es un álbum de una coherencia sonora que a veces escasea en la discografía del dúo. “Nos ha quedado un disco con 12 canciones de techno-house ultra-pop, bailable y muy pegadizo”, describieron ellos mismos. “Su sonido es lo que se llama Euro-Dance: muy techno, muy bailable y muy melódico. Más suave y sutil de lo que veníamos haciendo en los conciertos.”
El aspecto visual corrió a cargo de Javier Biosca, quien se encargó del concepto de la portada, las fotografías y el videoclip del sencillo “Me voy”. Una apuesta por la coherencia que se extiende de lo sonoro a lo visual, algo que Fangoria —criados en la escuela del videoclip y la estética total— siempre han tomado en serio.
La verdad o la imaginación: canción por canción
El álbum se publicó el 24 de abril de 2026, bajo licencia de Warner Music Spain. Cuarenta y un minutos de música que se pasan en un parpadeo. Doce canciones. Ningún relleno.
“La verdad o la imaginación” abre el disco y establece las coordenadas temáticas. Esa línea difusa, a veces imposible de trazar, entre lo que es real y lo que nos contamos a nosotros mismos. La fantasía como mecanismo de supervivencia y como trampa. Es una canción que no tiene respuesta porque la pregunta misma es el tema.
“El síndrome de París” toma su nombre de ese fenómeno psicológico —bien documentado entre turistas japoneses— que ocurre cuando la realidad de un lugar no corresponde a la imagen idealizada que uno construyó en su mente. Fangoria lo convierte en metáfora de la decepción en las relaciones humanas: esa sensación de haber viajado muy lejos para descubrir que lo que esperabas encontrar nunca existió.
“Bailo” es la declaración más directa del disco. Sin metáforas, sin capas: bailo porque sí, porque puedo, porque es la única respuesta que tiene sentido. Uno de los momentos más directamente festivos del álbum.
“Todo existe a la vez” explora la relación con el tiempo, esa impresión vertiginosa de que el pasado, el presente y el futuro no son líneas sino puntos que coexisten. Una canción que suena a pop del siglo XXI pero piensa como la física cuántica.
“Consecuencias” es, según la descripción del propio dúo, una canción sobre el alcohol. Pero como todo lo que escribe Fangoria, no es solo sobre el alcohol. Es sobre las decisiones que tomamos sabiendo exactamente a dónde llevan y las tomamos de todas formas. Sobre el placer que tiene precio y lo pagamos con gusto.
“El punto de partida” vuelve al territorio de la verdad y la fantasía, pero desde el ángulo de los inicios: ¿dónde comienza realmente una historia? ¿En el momento en que sucede o en el momento en que decidimos contárnosla de cierta manera?
“El beso que jamás te pude dar” es uno de esos títulos que contienen toda la canción. La melancolía del gesto imposible, la conversación que nunca ocurrió, la puerta que se cerró antes de que pudiéramos cruzarla. Fangoria en su modo más elegante.
“La sombra” opera en ese espacio oscuro donde se mueve el dúo con más comodidad: la presencia de lo que no está, lo que persiste aunque ya no exista, lo que proyectamos sobre otros y sobre nosotros mismos.
“Tigres de escayola” habla del aburrimiento y la costumbre, de esas fieras que domesticamos hasta convertirlas en decoración, de las relaciones que se vuelven paisaje de fondo. Un título que es ya, por sí solo, una imagen perfecta.
“Pasará” regresa a la relación con el tiempo, pero desde el ángulo de la promesa o el consuelo: todo pasa. Lo bueno y lo malo. Una canción que puede leerse como esperanza o como advertencia, según el momento en que la escuches.
“Cada quien con su cual” —que incluye la expresión más directamente mexicana del repertorio, ese “cada quien con su cual” que está en el ADN lingüístico de Olvido Gara— es un ejercicio de desapego elegante: que cada uno se lleve lo suyo y ya.
“Me voy” cierra el álbum y fue elegida como único sencillo. Una canción de ruptura con dignidad, de autoafirmación, de seguir adelante sin mirar atrás. Estrenada en el Benidorm Fest 2026 como parte de un medley, ya circulaba por las redes cuando fue lanzada oficialmente el 4 de marzo con un videoclip de iluminaciones rojizas y bolas de discoteca. La composición lleva la firma de Olvido Gara, Nacho Canut, Mauro Canut y Fernando Delgado, y la co-producción de Juan Sueiro y Matt Pop. La reacción del público fue inmediata y contundente.
Las voces de las canciones: “un poco narcisistas y bastante drama queens”
Uno de los elementos más fascinantes del álbum es la coherencia de su voz narrativa. El propio dúo la ha descrito con una precisión devastadora: las canciones “podrían ser conversaciones telefónicas en las que solo se oye a uno de los interlocutores, que es un poco narcisista y bastante drama queen.”
Es esa definición la que explica por qué Fangoria conecta tan profundamente con su público. No hay objetividad en estas canciones, no hay el intento de contar “la verdad de los dos lados.” Hay una voz, una perspectiva, una persona que se escucha a sí misma mientras habla y que sabe que está exagerando un poco y lo hace de todas formas porque la exageración es una forma de verdad. El drama como herramienta de conocimiento. La ironía como distancia de seguridad desde la que mirar las propias contradicciones.
Entre los colaboradores del álbum aparece Alejandro Sergi (de Miranda!, la banda de electropop argentino cuyo universo tiene más de un punto en común con el de Fangoria) y Mauro Canut, hermano de Nacho y figura habitual en el entorno creativo del dúo.
La edición especial y el vinilo para coleccionistas
La verdad o la imaginación llegó en múltiples formatos, como corresponde a un dúo que entiende el objeto musical como experiencia completa. La edición especial en CD incluye una carpeta de cuatro cuerpos con funda de acetato, libreto y cuatro postales. El vinilo, sin embargo, guarda la sorpresa mayor: incluye un CD adicional de cuatro canciones grabadas por Fangoria y Rojuu, producidas por Jon Klein, entre las que figura una versión de “Heroes” de David Bowie —el círculo vuelve a cerrarse: aquella adolescente mexicana que escuchaba Bowie en Madrid— y tres canciones nuevas cuyo diseño estuvo a cargo del propio Rojuu. Este material no está disponible en plataformas digitales. Solo para quienes elijan el formato físico, lo que en 2026 es un gesto de amor hacia los fieles.
La gira: España primero, y lo que venga después
El lanzamiento del álbum va acompañado de una serie de fechas en vivo que confirman que Fangoria sigue siendo, ante todo, un fenómeno de los escenarios. El 9 de mayo actuarán en la Sala Paral·lel 62 de Barcelona —aforo reducido, lo que garantiza una experiencia intensa— y el 15 de mayo estarán en The Music Station Príncipe Pío de Madrid. El 30 de mayo, el Fulanita Fest en Marenostrum Fuengirola (Málaga). El 28 de agosto, el Festival Muralla Camp en Alcalá de Henares, dentro de las Ferias y Fiestas de la ciudad, junto a Nancys Rubias, Zapato Veloz, Raúl, Coyote Dax y Chenoa.
Con casi 200,000 suscriptores en su canal de YouTube y una base de fans que lleva décadas siendo de las más leales del pop español, el escenario está listo para recibir un nuevo capítulo de la historia de Fangoria.
Cuarenta y cinco años sin dejar de moverse
Hay algo particularmente significativo en el hecho de que el álbum se llame La verdad o la imaginación. Porque Fangoria —Alaska— siempre ha operado en esa frontera. La verdad del pop como forma de vida, como manera de procesar la realidad. La imaginación como el espacio donde todo es posible, donde una niña mexicana puede reinventarse en Madrid, donde un dúo rechazado por su discográfica puede construir su propio estudio y convertirse en icono, donde la ironía y el drama no se contradicen sino que se alimentan mutuamente.
Olvido Gara Jova nació en Ciudad de México. Tiene doble nacionalidad, mexicana y española. Lleva cuarenta y cinco años sobre los escenarios bajo distintas formas y nombres. Es, sin discusión posible, una de las figuras más importantes de la historia del pop en español. Ignacio Canut Guillén nació en Valencia, llegó a Madrid y se convirtió en el arquitecto silencioso de ese pop. Juntos, como Fangoria, llevan más de tres décadas siendo exactamente lo que quieren ser, sin pedir permiso.
La verdad o la imaginación no es una nostalgia. Es un presente activo, un disco que suena a ahora mismo, a pista de baile y a madrugada, a esa hora donde la frontera entre lo real y lo que nos contamos se vuelve deliberadamente borrosa. Es un disco que recuerda por qué Fangoria importa: porque hacen canciones que suenan bien y piensan mejor, porque nunca se han conformado con lo fácil, porque llevan décadas probando que el pop puede ser inteligente sin dejar de bailar.
Tú te quedas. Ellos se van. Pero siempre vuelven.
La verdad o la imaginación ya disponible en todas las plataformas digitales y en edición física vía Warner Music Spain.
Fangoria – Me voy ( Videoclip Oficial)