Música
«San Paolo di Galatina» : tarántulas, rito y catarsis sonora con Raül Refree & Maria Mazzotta
Esta una propuesta que invita a pensar en cuántas tarántulas simbólicas cargamos hoy –ansiedades, depresiones, violencias de baja intensidad–…
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Hay discos que parecen diseñados para sonar en un solo lugar y en un solo momento del día. «San Paolo di Galatina», el encuentro entre Raül Refree y la cantante italiana Maria Mazzotta, en realidad está pensado para sonar en un cuerpo en crisis. No importa si ese cuerpo está en un pueblo del sur de Italia a principios del siglo XX o en un depa en cualquier ciudad de hoy: lo que proponen aquí es un viaje hacia el trance, la catarsis y la posibilidad de curarse bailando, cantando y gritando lo que normalmente se nos pide callar.
El punto de partida del álbum es la tradición de la pizzica taranta, esa música ritual de Apulia que, según la leyenda, servía para sanar a las mujeres “picadas” por la tarántula, un eufemismo brutal para hablar de depresiones, malestares y ahogos emocionales que la sociedad de entonces no sabía –o no quería– nombrar. El remedio era un exorcismo musical: días enteros de baile, canto y trance colectivo, acompañados por músicos que sostenían el ritmo hasta que el cuerpo agotado encontraba una especie de liberación. Refree y Mazzotta toman ese imaginario y lo reescriben en clave contemporánea: sin folclorismo complaciente, sin postal turística, entendiendo la tradición como un lenguaje vivo para hablar de catarsis, comunidad y desahogo femenino.
La historia de cómo llegan hasta aquí tiene algo de destino que se cocina a fuego lento. Raül Refree, productor catalán conocido por su trabajo con Rosalía, Silvia Pérez Cruz, Lina, Niño de Elche o Rodrigo Cuevas, llevaba ya un buen rato explorando encuentros entre músicas de raíz y riesgo experimental, siempre con una sensibilidad muy cinematográfica en la forma de construir atmósferas. Maria Mazzotta, por su parte, es una de las voces clave de la región de Apulia: creció entre cantos tradicionales del sur de Italia, se movió con naturalidad hacia los matices balcánicos y ha armado una carrera solista donde combina investigación de campo y una entrega vocal que parece venir de otra época. Cuando ella le escribió para proponerle trabajar juntos, él tuvo que decir que no por agenda, pero se quedó enganchado a esa voz.
El encuentro finalmente ocurre en Puglia en 2022: comen, tocan, platican y Maria le va enseñando canciones del repertorio tradicional del sur, mientras le explica, entre platos y anécdotas, la historia de la taranta, de las mujeres encerradas en diagnósticos y rituales que eran, al mismo tiempo, prisión y escape. Un tiempo después, el festival Clàssics de Barcelona le encarga a Refree una obra sobre la metamorfosis, y él no duda: recupera ese repertorio que Mazzotta le compartió y lo reimagina como un arco sonoro que va de la asfixia a la liberación, pasando por nanas, cantos de trabajo, canciones religiosas y, finalmente, la pizzica en su versión más salvaje. Primero es un concierto-ritual; más tarde, ese material toma forma de disco bajo el título «San Paolo di Galatina», editado en 2026 por Galileo Music.
El nombre no es gratuito: «San Paolo di Galatina» es la pequeña iglesia de Galatina donde, el 29 de junio, las “tarantate” acudían a pedir la gracia del santo entre gritos, rezos rítmicos y música que sonaba como una mezcla de plegaria y exorcismo. El álbum recoge ese contexto y lo transforma en un viaje de diez piezas que duran, en total, poco más de cuarenta y seis minutos, pero que se sienten como un rito completo, con introducción, descenso a lo oscuro y salida hacia la luz. La estructura no es literal, pero sí se percibe esa idea de arco: empezar en un territorio más contenido, casi narrativo, e ir escalando hacia un trance colectivo donde ya no se distingue bien qué es tradición y qué es experimento, qué es plegaria y qué es grito de guerra.
En lo musical, Refree vuelve a demostrar que es de los productores europeos que mejor entienden cómo tratar un repertorio antiguo sin congelarlo en vitrina. Su sello está en la forma de construir capas: guitarras y arreglos que respetan la cadencia de la pizzica y de los cantos de Apulia, pero a los que va sumando texturas que rozan lo ambient, lo minimalista y, por momentos, lo cinematográfico. Hay silencios medidos, golpes de percusión que entran como latidos, drones que sostienen la tensión y detalles de guitarra o armonía que abren pequeñas grietas de modernidad dentro de melodías centenarias. No hace falta que asome la electrónica de forma explícita: el riesgo está más en la arquitectura del sonido que en un gesto evidente de “actualización”.
La otra mitad del hechizo, claro, es la voz de Maria Mazzotta. Canta en dialecto salentino y grecanico salentino, lo que ya de entrada la sitúa en un lugar específico del mapa, pero lo que termina de desarmar es la manera en que habita cada canción como si fuera un relato oral que está sucediendo por primera vez. Se mueve de nanas a cantos funerarios, de melodías devocionales a líneas que piden a gritos la entrada del tamburello y el trance, con una naturalidad que sólo tiene quien se ha pasado años investigando los matices vocales de su región y al mismo tiempo sabe doblarlos a su antojo. Hay momentos en los que la voz parece estar al borde del quiebre y otros en los que se impone con una autoridad casi chamánica, como si estuviera guiando un ritual al que el oyente se suma sin darse cuenta.
El repertorio que eligen para «San Paolo di Galatina» se alimenta de canciones tradicionales del sur italiano reformuladas desde esta mirada muy particular. Temas como “Mara l’acqua”, “I’tela na su po’” o “La lettera” van dibujando distintos rostros de una misma experiencia: el trabajo cotidiano, el dolor íntimo, la opresión social, la fe, el deseo de desobedecer lo que se espera de una mujer “correcta”. Más adelante aparecen piezas como “Lu dattulu” y “Damme nu ricciu”, donde la energía ritual se vuelve más palpable: ritmos cíclicos, coros que entran y salen, repeticiones que funcionan como martilleo emocional. No hace falta entender palabra por palabra para percibir la carga de estos cantos: la voz y la música arrastran hacia un lugar donde el significado pasa tanto por el cuerpo como por la traducción.
Uno de los detalles más potentes de la producción es la decisión de incluir un coro de mujeres jóvenes, el Cor Plèiade Chor, en varias piezas. Su presencia expande el carácter colectivo y femenino de este viaje: ya no es sólo la solista dialogando con el músico, sino una comunidad entera de voces que reclama espacio en un repertorio históricamente asociado a cuerpos que no podían expresarse libremente. Esas entradas corales dan la sensación de estar en medio de una ceremonia donde, poco a poco, todas participan: las voces se superponen, se responden, se acompañan, y lo que podía haberse quedado en un ejercicio de homenaje se convierte en un dispositivo de liberación compartida.
La dimensión conceptual del álbum no se queda en el pie de página. El propio texto de presentación del proyecto habla de cómo Refree y Mazzotta quisieron describir musicalmente el momento social de la Italia de principios de siglo, con sus canciones religiosas, sus cantos de trabajo y sus nanas, para después llevar todo eso hacia una liberación física y un sentimiento de comunidad que resuena con urgencia en el presente. En ese sentido, «San Paolo di Galatina» dialoga tanto con la historia de las “tarantate” como con otras figuras de la catarsis femenina en la cultura mediterránea, como las bacantes griegas que conquistaban territorios de locura y desborde lejos del control masculino. El disco conecta ambos imaginarios para subrayar algo sencillo y poderoso: a veces volverse “loca” es la única forma de decir todo lo que no se permite decir en voz baja.
Si se revisa la trayectoria de Refree, el álbum también encaja en un mapa mayor de colaboraciones donde siempre hay un elemento común: la voluntad de reescribir tradiciones desde un punto de vista muy personal, ya sea el flamenco, el fado, la canción popular ibérica o, como aquí, el folclore apuliano. Su producción se ha caracterizado por un filo experimental que nunca deja de lado la emoción, y «San Paolo di Galatina» refuerza esa línea: hay riesgo, hay atmósfera, pero también hay un respeto profundo por las melodías y los relatos que Mazzotta trae consigo. Ella, a su vez, suma este trabajo a una carrera que la ha consolidado como una intérprete capaz de viajar del sur de Italia a los Balcanes sin perder raíz, llevando siempre en primer plano la conexión entre voz, territorio y memoria.
Al final, el disco funciona como algo más que un ejercicio de rescate. Es una propuesta que invita a pensar en cuántas tarántulas simbólicas cargamos hoy –ansiedades, depresiones, violencias de baja intensidad– y qué tipo de músicas necesitamos para poder sacudirlas del cuerpo. «San Paolo di Galatina» no ofrece respuestas fáciles, pero sí un espacio sonoro donde la vulnerabilidad y el delirio son legítimos, donde el llanto y el grito encuentran una forma de ordenarse a través del ritmo. Es, en el mejor sentido, un ritual prestado: un disco que toma una historia muy local y la abre para que cualquiera, desde donde esté, pueda sumarse a esa danza que cura un poco mientras cansa.
Raül Refree i Maria Mazzotta / San Paolo di Galatina