Música

«Wabi Sabi», hermandad, baile y filosofía japonesa: el cuarto acto de Sotomayor

«Wabi Sabi» es esa filosofía que encuentra belleza en lo imperfecto, en lo transitorio, en lo que tiene marcas del tiempo encima

Hay un concepto japonés que lleva siglos existiendo y que nunca ha necesitado que nadie lo explique demasiado para entenderlo: «Wabi Sabi». Es esa filosofía que encuentra belleza en lo imperfecto, en lo transitorio, en lo que tiene marcas del tiempo encima. Una grieta en la cerámica. Una hoja que se marchita. Un instante que jamás volverá a repetirse exactamente igual. Raúl y Paulina Sotomayor, los hermanos mexicanos que conforman uno de los proyectos de música electrónica latinoamericana más queridos de la última década, decidieron que ese concepto era exactamente lo que querían ponerle de nombre a su regreso. Y si uno escucha el disco completo, queda claro que no fue una decisión al azar: «Wabi Sabi» suena como algo que sólo podía existir en este momento preciso de sus vidas, en ningún otro.

La historia de Sotomayor comenzó hace poco más de una década de una manera bastante orgánica, casi accidental. Raúl Sotomayor, que ya traía experiencia de otros proyectos en la escena indie capitalina —entre ellos Jefes del Desierto y Beat Buffet—, estaba experimentando con una serie de canciones de corte electrónico tropical cuando se le ocurrió agregarles voz. Probó con su hermana Paulina. Jaló perfecto. Edi Kistler, bajista de Los Liquits, escuchó esas primeras canciones y le dijo sin rodeos que tenía que hacer un disco completo. Así nació Salvaje en 2015, publicado a través del netlabel mexicano Tropic-All y del sello New Hispanic Music en el Reino Unido, y con él, Sotomayor se convirtió en un nombre que aparecería en más de 25 listas de mejores álbumes del año en distintos países, ganando además el premio al mejor disco del año en los Indie-O Music Awards 2016. No estaba nada mal para un proyecto que había empezado como un experimento entre hermanos.

Lo que siguió en los años posteriores consolidó su lugar en la escena. Orígenes (2020), su tercer álbum, fue el escalón que los llevó a otra dimensión: fue producido por Eduardo Cabra, mejor conocido como Visitante, exintegrante de Calle 13 y uno de los productores más premiados y respetados del mundo latinoamericano con más de 28 Grammys Latinos en su historial. Ese álbum, un caleidoscopio de cumbia, afrobeat y dancehall cosidos con electrónica de primera, confirmó que Sotomayor no era una propuesta de un solo golpe de suerte sino una visión artística sostenida, capaz de crecer disco a disco sin traicionarse.

Luego vino el silencio. Seis años. La vida, la pandemia, los ciclos personales de cada quien. Y cuando muchos ya se preguntaban cuándo o si regresarían, Raúl y Paulina aparecieron a finales de 2025 con un anuncio que encendió la emoción de todos sus seguidores: «Wabi Sabi», su cuarto álbum de estudio, y también el disco con el que celebran una década entera de proyecto. No podría haber mejor manera de conmemorar ese aniversario que con once canciones que suenan, al mismo tiempo, como una síntesis de todo lo que han sido y una declaración clara de hacia dónde van.

El álbum llegó oficialmente el 13 de febrero de 2026 y desde el primer segundo deja en claro que la intención de este regreso era algo muy específico: llevar a Sotomayor más adentro que nunca hacia la pista de baile. Si bien el dúo siempre ha equilibrado los beats electrónicos con el folclor latinoamericano, en «Wabi Sabi» la electrónica toma el volante con una convicción renovada. House, afrobeat, cumbia, dancehall, plena y kuduro se entrelazan en una mezcla que suena a varias ciudades del mundo simultáneamente: Ciudad de México, Puerto Rico, Lagos, Marsella, Kingston. Las referencias que inspiraron el disco lo dicen todo: Jamie XX, Polo & Pan, Lewis OfMan y Nu Genea. Artistas que comparten esa misma capacidad de hacer música de club que no pierde su calor humano, que baila pero también siente.

La producción del álbum estuvo nuevamente en manos de Eduardo Cabra, lo que convierte a «Wabi Sabi» en la segunda colaboración entre Visitante y el dúo capitalino, y el resultado confirma que esa es una de las alianzas creativas más fructíferas que tiene la escena latinoamericana en este momento. El disco fue compuesto en apenas dos semanas —lo que habla de una inspiración que llegó de golpe, sin pausas, como cuando algo que llevas tiempo procesando internamente finalmente encuentra su forma—, y después grabado en Puerto Rico, donde la energía caribeña de la isla permea cada pista de manera casi natural.

Las once canciones del tracklist construyen un recorrido que fluye con una lógica propia. La apertura, Me dejo llevar, establece desde sus primeras notas ese clima de lujo y decadencia del que habla la reseña de Apple Music: sintetizadores que se expanden lentamente antes de que la voz de Paulina entre a anclar todo con esa dulzura cristalina que es ya su sello inconfundible. Who’s there y Vida llegaron juntas como sencillo doble antes del lanzamiento, dos caras de una misma energía expansiva. Porvenir muestra la vena más bohemia del dúo con tintes de cumbia, mientras que Prende la palma es puro dancehall pegajoso, de esos que uno no puede escuchar sin que el cuerpo reaccione solo. Mango y Sal y La Peli, que cierran el disco, dejan una sensación de completud, de haber llegado a algún lado después de un viaje bien medido. En total, treinta y siete minutos sin un solo paso en falso.

En lo lírico, «Wabi Sabi» representa el giro más introspectivo y oscuro en la carrera del dúo. Las canciones hablan de ciclos, de resistencia, de autodescubrimiento, del futuro visto con los ojos abiertos y sin ilusiones falsas, de la necesidad de mantenerse en pie cuando todo alrededor se mueve. Hay una madurez en las letras que no renuncia nunca a su vocación de hacer bailar, y eso es quizás el logro más complejo del álbum: que puede ser profundo y festivo al mismo tiempo, sin que ninguna de las dos cosas cancele a la otra. Eso, por cierto, es también una buena definición de «Wabi Sabi».

El disco está disponible en todas las plataformas digitales, y también en vinilo para quienes prefieren escuchar música con las manos. Como si fuera poco, Sotomayor tiene confirmada una presentación especial el 26 de marzo de 2026 en La Maraka, Ciudad de México, que promete ser uno de los shows más esperados del año para los amantes de la electrónica con raíces. Diez años después de Salvaje, Raúl y Paulina Sotomayor no sólo siguen aquí: están mejor que nunca. Y «Wabi Sabi» es la prueba de que el tiempo, lejos de desgastar su sonido, lo ha convertido en algo más rico, más libre y más propio. Hay belleza en las imperfecciones, decían los japoneses. Los Sotomayor parecen haberlo entendido perfectamente.

Sotomayor – Porvenir (Official Music Video)

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