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Ataque Celeste, lo nuevo de El Columpio Asesino

Seis años después, la idea del fin de algo que recorría “Ballenas Muertas en San Sebastián” (14) permanece en “Ataque Celeste“, aunque ahora el tono sea otro, con una perspectiva más personal que social.

Hay un rincón al noreste de la capital de Lituania, en Vilna, que hace veintidós años se declaró independiente. Un barrio bohemio y destartalado donde habitan los orfebres del arte y la cultura alternativa del país, que cuenta con su propia moneda, su propia bandera, su propio parlamento, su presidente y sus leyes. Se llama la República de Uzupis y uno de los artículos de su Constitución —también se desmarcaron proclamando la suya particular— reivindica el derecho a ser infelices. ¿Por qué no? En las batallas internas que libra el individuo contra sí mismo por usurpar retazos de una felicidad impuesta, narrada y publicitada socialmente, se nos ha olvidado que a la tristeza, a la melancolía y a la desazón también hay que dedicarles un tiempo. Dejar de huir, aprender a morar en ellas cuando asolan y humanizarlas de nuevo hasta el punto de que la vergüenza y el miedo no solo no nos corroan llegado el momento de enfrentarlos. Que volvamos a ser capaces de reconocerlas en nuestro fuero interno y en el atril público sin complejos, sin temores, sin presión. Desde allí, desde aquel edén creativo a orillas del Báltico, parecen haber llegado los cuatro de El Columpio Asesino tras este lustro de silencio discográfico, porque de esto va precisamente Ataque celeste, su nuevo álbum.

Esta vez la ansiedad del balancín más punzante de nuestra escena no va tan ligada al sonido como al concepto. Mantienen su apuesta por el rock electrónico, por la virulencia kraut; sin duda son ellos, sí; siguen siendo ellos unos cuantos años después. Pero en ese atrevimiento inaudito hoy, de ponerle palabras a los dramas del alma en un ejercicio de confesiones y autohonestidad, el pop y la melodía luminosa se han alzado como los mejores consejeros. Así, los discursos, escritos por Albaro y casi siempre entonados por Cristina —aunque en ocasiones también por él mismo— toman el relevo de la primera fila y protagonizan la atención; lo que vienen a contarnos es, ahora y en este disco, más importante que el cómo.

«Es mediodía y ya me sobra la otra mitad» canta ella sin autocomplacencia en la psicótica e intermitente «Sirenas de mediodía». Una letra para sentarse a escuchar y a escucharnos, que nos invita a mirarnos en un espejo que no apetece porque su reflejo nos va a devolver algún momento de nuestras vidas digno de olvidar. Pero toca ser valientes y asomarse al precipicio, ese por el que se pasean en la letra de «Tu último relato», e inciden con «Mi general» en un inquietante pasaje plagado de soledades «bajo la luz de un sol indiferente». Enfrentarse a la existencia tal y como sucede, siendo fieles a nosotros mismos y a nuestro estado de ánimo parece obvio, pero no lo es tanto en estos tiempos que corren. La felicidad tiene premio, y saber venderla todavía más.

Que tampoco han llegado los de Pamplona en este 2020 para joder el patatal, alzando el desaliento o condenando la alegría; de ahí que con la pegajosa «Preparada», que sirvió también como single de adelanto, nos empujen a buscarla. Pero a hacerlo desde la autenticidad, sin florituras, a pelo, tal y como suena en «Lechuzas, cúters y somníferos» en voz de Albaro, o en ese mecanismo primitivo de autodefensa que asoma en la progresiva «Siempre estás tú».

El Columpio Asesino – Huir (Vídeo Oficial)

Las obsesiones, las frustraciones y la decepción se abren camino desde el primer corte del disco que es «Huir» para ponernos en situación. Y mientras el pulso sintético va marcando las bases instrumentales de estos ocho temas que danzan entre la hipnosis y la ensoñación, terminan de bordar esta declaración de intenciones, a modo de diario personal, con la eclosión definitiva de la homónima «Ataque celeste». Sin apenas palabras porque, si lo has entendido, ya no hacen falta.

Firmemos una tregua con nosotros mismos, asistamos a los capítulos de nuestra propia serie como nos nazca, dediquemos tiempo a curar nuestras heridas y permitámonos la infelicidad cuando toque. Esa libertad de expresión y movimiento que andamos reclamando a los demás, empecemos por concedérnosla nosotrosAtaque celeste será, sin lugar a dudas, la mejor de las bandas sonoras en ese viaje.

Texto: SARA MORALES.

Seis años después, la idea del fin de algo que recorría “Ballenas Muertas en San Sebastián” (14) permanece en “Ataque Celeste“, aunque ahora el tono sea otro, con una perspectiva más personal que social. Tanto que, incluso teniendo entre manos este sexto disco de la banda navarra, por momentos uno llega a pensar si lo de desaparecer, como cantaba Cristina Martínez con Nacho Vegas en “La última atrocidad“, es siempre una opción. “Ya no queda oro en toda la montaña, no encuentras las palabras, empieza a amanecer…”, cantan en Tu último relato, acercándose al precipicio en una historia de agotamiento que musicalmente quizá sea lo más pop que han firmado en sus veinte años de trayectoria. Esa línea, perturbadora y accesible a la vez, se mantiene a lo largo de un álbum más breve aún que los anteriores, confirmando lo que apuntaba su primer adelanto, “Huir“, con un infeccioso toque funk.

El Columpio Asesino – Preparada (Vídeo Oficial)

En conjunto, “Ataque Celeste” no tiene la cuchilla afilada, ni tampoco el peligro de los temas más hirientes de El Columpio Asesino, pero la amenaza continúa latente. Baste como ejemplo el estribillo de la muy bailable “Preparada“, corte con más matices de los que un apresurado contacto pueda revelar, ganando a cada escucha y subrayando el protagonismo vocal de Cristina Martínez, en tanto que Albaro Arizaleta únicamente asume el mando en un par de canciones. Una de ellas es “Lechuzas, cuters y somníferos“, la más cortante del disco, recuperando ese ambiente insano tan propio de los autores de “Diamantes” (11).

Atrás quedan también las imágenes crípticas de antaño, sustituidas ahora por textos como los de “Sirenas de mediodía“, que abundan no tanto en el nihilismo como en una sensación de vacío. La imagen es igualmente desoladora en “Mi general“, mientras que “Siempre estás tú” devuelve el álbum a esa idea primera de ruptura y huida, y una frialdad electrónica que crece de forma constante (un poco a la manera de La Bien Querida más oscura de temas como “Crepúsculo“), antes de desembocar en la instrumental “Ataque celeste“, epílogo de un regreso que despacha la celebración más rápido de la cuenta, a juego con un tiempo en el que odios y pasiones se queman a diario con acelerante.

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