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Música

«Unclouded» de Melody’s Echo Chamber: claridad emocional en medio del ruido moderno

Este es un disco que pide tiempo, pero no paciencia: entra suave, se acomoda sin ruido y, cuando menos te das cuenta, ya transformó un poco el clima interior.

Hay discos que llegan como tormenta y otros que se cuelan en la vida como una mañana despejada después de semanas de nubes; “Unclouded”, el cuarto álbum de Melody’s Echo Chamber, pertenece de lleno a la segunda categoría, pero ojo: despejado no significa simplón. Aquí, Melody Prochet toma todo lo que ha construido en más de una década de paisajes oníricos y pop enrarecido y lo lleva a un lugar más luminoso, compacto y directo, sin renunciar a esa sensación de estar escuchando un sueño grabado en alta fidelidad. Son apenas 30 minutos repartidos en 12 canciones, pero el trayecto está tan cuidado que se siente como hojear un diario ilustrado a mano: cada pista es una viñeta distinta, una escena íntima donde la claridad del título (“sin nubes”) convive con sombras, dudas y recuerdos que no terminan de irse.

Para entender qué hay detrás de “Unclouded” conviene volver un poco al origen de Melody Prochet. Nacida en 1987 y formada de manera clásica como violista en el conservatorio de Aix-en-Provence, Prochet pasó años entre partituras y disciplina académica antes de empezar a buscar su propio lenguaje en bandas como My Bee’s Garden y proyectos compartidos como The Narcoleptic Dancers. Fue en ese camino cuando se cruzó con Tame Impala, teloneando a la banda de Kevin Parker, y de ahí surgió la colaboración que daría vida al debut homónimo de Melody’s Echo Chamber en 2012: un disco que mezclaba pop, rock espacial, ruido suave y melodías delicadas, y que la puso en el mapa como una de las voces más singulares de la llamada psicodelia moderna. Después llegarían los viajes más turbulentos de “Bon Voyage” y la espiritualidad luminosa de “Emotional Eternal”, además de la publicación del álbum perdido “Unfold”, confirmando que su carrera se ha construido tanto en lo que muestra como en lo que decide guardar para después.

“Unclouded” aparece ya con Melody instalada en una etapa distinta de su vida y de su sonido: más centrada, más dueña del timón, pero todavía fascinada por la idea de convertir emociones complejas en pequeñas piezas de pop raro y elegante. En lugar de estirar las canciones en viajes largos, aquí opta por piezas breves y precisas: títulos como “The House That Doesn’t Exist”, “In The Stars” o “Flowers Turn Into Gold” funcionan casi como microrrelatos, imágenes nítidas que se abren y se cierran en cuestión de dos o tres minutos, pero dejan un eco largo. El disco se siente como una secuencia de momentos capturados al vuelo: una casa que quizá solo exista en la memoria, estrellas que hablan de destino, flores que se transforman en oro, sueños de infancia que regresan como película super 8 ligeramente quemada.

El corazón de la propuesta sigue siendo ese pop nebuloso que Melody lleva años perfeccionando, pero aquí lo tiñe de una claridad nueva, como si hubiera subido un poco la luz de la habitación. La producción favorece los sonidos redondos: bajos y baterías al frente, guitarras que no buscan imponerse sino flotar alrededor, teclados que dan textura y un tratamiento general que remite tanto a la tradición del dream pop y el shoegaze como a un refinado chamber pop de cámara íntima. Críticos y escuchas han señalado cómo el disco funciona como un jardín cálido y encantado: cuerdas que brotan como plantas trepadoras, guitarras suaves que se cuelan como brisa y arreglos sutiles —xilófonos, detalles de percusión, ecos lejanos— que van llenando el espacio sin saturarlo.

Parte de ese pulso tan orgánico se explica por la presencia del baterista y productor Malcolm Catto, figura clave en The Heliocentrics y colaborador recurrente en escenarios donde el groove es tan importante como la melodía. En “Unclouded”, Catto aporta un cuerpo rítmico más marcado que en trabajos previos de Melody: las baterías suenan contundentes, con un aire casi analógico que hace que temas como “Eyes Closed” o “Memory’s Underground” respiren como pequeñas jams comprimidas en formato pop. La idea de Melody de hacer un disco “más cargado de beats”, más apoyado en la base rítmica, se concreta sin que la música pierda fragilidad; al contrario, esa columna vertebral firme permite que su voz y sus melodías se muevan con más libertad, como si flotaran sobre un suelo que ya no se tambalea tanto.

En lo vocal, Prochet sigue jugando en esa línea fina entre lo etéreo y lo cercano: canta con suavidad, a veces casi en susurro, pero sus melodías no son borrosas, sino claras, memorables, de esas que se quedan rondando en la cabeza sin que te des cuenta. Sus letras combinan imágenes poéticas con detalles cotidianos, dejando espacio a la interpretación del escucha: hay referencias a sueños, a jardines, a sombras y a despedidas, pero también una especie de serenidad consciente, como si hubiera aceptado que la vida es una mezcla inevitable de luz y sombra. No es casual que el título del disco esté inspirado en una frase atribuida a Hayao Miyazaki sobre ver lo luminoso dentro de lo oscuro y lo oscuro dentro de lo luminoso: “Unclouded” no habla de una felicidad plana, sino de una mente que aprende a mirar con menos ruido.

El recorrido de las canciones se siente cuidadosamente ordenado, casi como si cada pista fuera una estación de un viaje emocional que va de lo difuso a lo nítido. “The House That Doesn’t Exist” abre el álbum como un portal: bajo envolvente, batería con paso seguro, guitarras que giran alrededor y una voz que invita a entrar en un espacio que no sabemos si es recuerdo, fantasía o proyección de futuro. De ahí se pasa a piezas como “In The Stars” o “Eyes Closed”, donde el pulso se mantiene firme y las capas instrumentales se van apilando hasta crear esa sensación de estar rodeado de sonido, pero nunca ahogado. Más adelante, temas como “Broken Roses” o “Burning Man” se permiten jugar con cuerdas exuberantes y detalles delicados, casi botánicos, mientras “Into Shadows” introduce un cambio de paso con un tempo más animado, como si el disco abriera de pronto una ventana para que entre aire fresco.

El tramo final, con “How to Leave Misery Behind”, la pieza titular “Unclouded” y “Daisy” —esta última con la participación de El Michels Affair—, funciona casi como epílogo y pequeño manifiesto. Ahí se condensa la idea central del álbum: no se trata de negar el dolor, ni de borrarlo, sino de encontrar formas de habitarlo sin que se vuelva todo el paisaje. La colaboración con El Michels Affair aporta un toque soul cinematográfico, con arreglos que podrían sonar tanto en una película vintage como en un club imaginario donde todo ocurre bajo luces suaves. El tema que da nombre al disco, breve y casi minimalista, parece mirarse a sí mismo al espejo: apenas un par de minutos para resumir esa sensación de mente despejada que, después de mucho ruido, se da permiso de respirar.

Si se mira la trayectoria completa de Melody’s Echo Chamber, “Unclouded” funciona como un punto de equilibrio entre la experimentación a veces caótica de “Bon Voyage”, la espiritualidad pastoral de “Emotional Eternal” y las raíces más crudas del debut con Kevin Parker. Hay menos arrebatos abruptos y más confianza en la canción como forma: estructuras claras, duraciones contenidas, arreglos que suman sin buscar protagonismo constante. Pero también se siente que Melody no ha renunciado a su ADN: siguen ahí las capas de sonido que se pliegan sobre sí mismas, las voces procesadas que aparecen como espectros y esa sensación de estar entrando a un universo propio, reconocible desde los primeros compases.

En un momento en el que muchos discos se consumen como playlist disfrazada, “Unclouded” se planta con una coherencia que invita a escucharlo completo, de principio a fin, como se hacía antes de que el botón de “skip” se volviera reflejo. No es un álbum de golpes inmediatos ni de estribillos obvios; su encanto está en la suma de detalles, en cómo un arreglo de cuerdas se enlaza con una línea de bajo, en cómo una frase aparentemente sencilla abre una grieta emocional que se queda vibrando después. Es un disco que pide tiempo, pero no paciencia: entra suave, se acomoda sin ruido y, cuando menos te das cuenta, ya transformó un poco el clima interior. Para un blog como WWM.rocks, acostumbrado a explorar territorios donde la sensibilidad y la experimentación se toman de la mano, “Unclouded” es de esos trabajos que vale la pena poner en loop una tarde entera, dejarlo crecer y descubrir, pista a pista, que a veces la verdadera claridad no llega con estruendo, sino con un murmullo bien afinado.

Melody’s Echo Chamber – The House That Doesn’t Exist (Official Video)

 

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